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miércoles, 29 de agosto de 2012

Comentario



Cuando una mujer come sola el tiempo se detiene y a su alrededor corren palabras estropeadas haciendo ecos sin sentido.
Dentro de su cabeza, la mujer tiene duda y deseo a partes iguales y su piel se desprende de la incertidumbre paso a paso cuando ya no le queda nada más que la nostalgia de no se sabe qué.
El sol retenido detrás del parapeto del restaurante aisla pero no sirve de nada porque la realidad sabe colarse por las rendijas, por las del sentimiento, por las de la soledad.
Rodeada de banqueros inseguros pero bien trajeados. De hombres y mujeres envueltos en palabras de plomo.
La imperfección lo alcanza todo y es hiriente.
Las certezas son siempre sentimentales.
Le augura un buen destino a lo complicado, a los sonidos chirriantes, a las locomotoras desde las que no se ve el paisaje, a la mentira de lo virtual, al desapego de las caricias reales.
Su espíritu, no obstante, se rebela contra el pesimismo cuando ve un bebé, cadencioso en brazos de su padre.
Tiene una pared lustrosa y aventajada frente a sí. Apura su cigarro, apura los momentos y ansía sentir pureza, ojalá sonara una melodía que invitara a la sinceridad a bocajarro. A no envolverse en desidia, a no abandonarse a ilusiones que no crecen.
¡Ojalá ardieran algunas pérdidas que se enrocan en el espíritu!
Que no se instale la tristeza, que no encuentre acomodo en el presente, que no deje esta sensación de hacer por tener algo que decir...
Sentiría que la luz no la alcanzara...
Sentiría que su voz no le alcanzara cuando de verdad llegue el otoño...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

me encantó cuando la leí...alli sentada con tu cuaderno de notas.
Todo mi ánimo para que sigas escribiendo cosas tan chulas

Diego dijo...

Muchos Holas desde Sierra de Filabres

Isabel Torremocha dijo...

¡Qué placer poder leerte de nuevo, Nuria!.
Un abrazo desde Navaluenga y mucho ánimo para todo,

Isabel