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domingo, 4 de agosto de 2013

¿Para qué sirve...? (pensamientos rápidos con rimas de ripio horripilante), léase con humor, (fin de la cita)




 

¿Para qué sirve saber, 
una vez errado el tiro,
dónde fuera el proyectil
y cuántas vueltas diera el objetivo?

Me proyecté sobre el humo,
vuelvo a mi camino, 
ahora que sé, que sobre el humo,
me disipo...

Moviéndome en la itinerancia
de la persistente creencia
en la idiotez de la humanidad
constato que sólo somos sonrisas

Regalémonos, puesto que es soberbia
pensar que la alegría se posea y que los tiempos se manejan.

Enajenarse, puede uno, mil y una noches, 
puede incluso vivir alienado siempre, donde quiera y como quiera,
pero es valiente atreverse con uno mismo, con sus escaseces y excrecencias;

 es honesto no dejar más que lo puesto, donde siempre hubo aire no es justo no dejar aliento.

Así que voy de paso y no paso de nada, todo me concierne y en todo sobro, excepto en mis afectos.

 No haya penas, que las penas son de escarcha y de ausencia.

Vuelvo a mi camino, que siempre fue el de la palabra.


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