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miércoles, 17 de febrero de 2010

Desde que soy un desierto

Foto: Victorino García Calderón (Estación de Barca DÁlba)


Desde que soy un desierto,
vigilo las madrugadas obstinadas en las que pierdo frío,
sorprendo sinuosamente mis microscópicas arenas salpicando pieles enamoradas siempre lejos…
Desde que soy un desierto apelo a las corrientes subterráneas,
no entiendo las lluvias milenarias del corazón de la sabana.
Ausento quehaceres para despejar incógnitas y suspiro en vientos desesperados, transformadores de perfiles.
Respiro silbidos de silencios eternos en los que no me reconozco.
Busco presencias desde que soy un desierto.
Ssssilbo, vulnera mi hado, porque no tengo paredes que pintar y tengo vacío el infinito.
Desde que soy un desierto, todo es seco, sin límites, todo horizonte despegado del cielo, perdido, miro
desde que el desierto soy yo y desconozco mis noches
sin luna, porque tengo la imaginada testuz pegada a la yunta del tiempo sin reloj, interminable pesadilla de sueños ciegos.
Desde que soy un desierto y vivo en la alterada egolatría de lo inmenso donde el amor siempre queda un poco más allá.

1 comentario:

Anónimo dijo...

En todo desierto que se precie hay un oasis bien situado. No te olvides de ponerlo, con su pozo fresquito, sus palmeras, un buen camello y un par de moros(uno para cada una), del estilo de los que perdieron Granada.

ALEGRIA